Reflexiones desde un punto de vista personalista comunitario.

29. T. O. 2022 C Lc 18, 1-8

Hazme justicia frente a mi adversario”

Veintiún siglos pidiendo a Dios que arregle la injusticia de este mundo y la respuesta es el silencio.

Hoy Dios ni ha quitado la pandemia ni nos ha curado de la pandemia. Sabemos que, desde el comienzo del mundo, hay sufrimientos que esperan una respuesta, y seguimos poniendo a Dios en la silla de los acusados, seguimos preguntándole ¿por qué mueren los niños de pena, hambre, abandono, explotación? ¿Por qué nadie acude ante las mujeres humilladas? ¿Por qué tanta barbaridad e indignidad? ¿Por qué la guerra y la muerte de inocentes? ¿Por qué? ¿Por qué se premia a los injustos y se castiga a los justos?

27. T. O. 2022 C Lc 17,5-10

Para ser voz profética necesitamos reavivar la fe. “Todo es posible para quien cree”. Lo dice Jesús.

¿Qué hacemos nosotros si no tenemos fe? ¿Cómo vamos a proclamar la Buena Noticia de que Jesucristo ha resucitado, con las consecuencias que este anuncio tiene para la vida plena de los hombres? Somos sujetos, a veces pasivos y a la vez activos de la mediocridad, del aburguesamiento, del agnosticismo y el ateísmo, en el que vivimos… mucho compromiso solidario y poco anuncio del kerigma. Sin este anuncio no hay evangelización. Y no digamos que no estamos para catequizar porque, Emmanuel Mounier, filósofo, laico, profeta, del siglo XX no se dedicó a catequizar, sino a dar testimonio vivo en su vida de la resurrección de Jesucristo. La cárcel, la persecución, la enfermedad, la pérdida de seres queridos, el rechazo por parte de la Iglesia, la pobreza, vivida y buscada, le llevaron a vivir la experiencia de la cruz y a anunciarla como salvación y esperanza que no falla.

26. T. O. 2022 C Lc 6, 11-16

¿Ocultamos la llamada del Dios de los pobres? ¿Qué actitud adoptamos ante el pobre? El pecado se describe en el darse la gran vida dando la espalda al sufrimiento de los pobres. Insensibilidad e indiferencia. En este relato del evangelio de san Lucas no se trata de la administración de bienes ajenos, sino del uso que hace el propietario de sus bienes y de cómo nos situamos ante el sufrimiento del pobre suplicante.

Quien añade conocimiento, añade sufrimiento, dice el sabio bíblico. Parece que es un hecho constatable que, quien más conoce, más compadece. Quizás también sea al revés, quien más compadece, más conoce. El conocimiento, sobre todo de las personas, va unido al amor con que se las mira y se las trata. Nadie conoce bien a quien no ama. Ni siquiera amando se puede conocer a una persona. La persona requiere de su propia revelación y de la confianza en ella de quien la escucha.

Pero, el amar conlleva la consecuencia de compadecer, y esto afecta al bien y al mal. ¡Bendito sea!

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Hoy en día esta palabra está de moda, ocupa todos los medios de comunicación y aún más, ocupa el sentimiento generalizado de todas las personas a excepción de aquellas que no la pueden percibir precisamente por ser para ellas su estado de normalidad. Supongo que no preciso extenderme en explicaciones al respecto para justificar esta afirmación, basta con solo asomarse a las estadísticas sobre la situación mundial en aspectos tan críticos como las muertes por hambre en el mundo cada año (es muy fácil acceder a estos datos y sus fuentes). ¿Estos millones de personas perciben la crisis de la que hablan los medios de comunicación?, es más ¿Perciben la situación de su crisis cuando no han vivido más que en esa situación desde que nacieron a la vida?

25. T. O. C 2022 Lc 16,1-13

La cadena más profunda del hombre es el egoísmo que busca siempre el beneficio propio

La narración de Lucas nos revela que el dinero -Mammona- reclama absoluta primacía. Este egoísmo crea las cadenas estructurales que dan lugar a la injusticia, a la opresión, a la mentira. Lo vemos fotografiado en el administrador injusto. Esta cadena última que ata al hombre la llama Jesús: el pecado personal.

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