Reflexiones desde un punto de vista personalista comunitario.

Lo más humanizante es el perdón y lo más deshumanizante el odio

7 T. O. 2022 C Lc 6, 27-38

Desde el siglo V antes de Cristo el ateniense Lisias se expresaba así sobre los enemigos: “Considero como norma establecida que uno tiene que procurar hacer daño a sus enemigos y ponerse al servicio de sus amigos”. ¿Ha cambiado esta concepción vigente en la antigua Grecia? Parece que no. Pero sí hay testimonios vivos de perdón. Encontrándome en Chile en una reunión con los familiares de quienes habían sido enterrados en fosas comunes durante la violencia desatada en la toma del poder por Pinochet, decían: “Nosotros somos cristianos y como tales perdonamos a los que han matado a nuestros seres queridos. Sólo queremos recuperar sus restos y no queremos revanchas, ni utilización política por parte de ningún grupo, por eso hemos nombrado a la Iglesia como mediadora”. Me quedé conmocionado. Sucedió en Valdivia, en presencia de políticos y del obispo Alejandro Jiménez (1989). Añadimos los mártires coptos, de hace siete años, y el perdón de sus madres a sus asesinos y la conmoción en parte de la sociedad musulmana de Egipto. Los criterios del Dios cristiano no son los criterios humanos.

En el terreno religioso, el miedo puede producir neoconversos traumatizados y traumatizantes, pero también apóstatas irracionales asustados por lo que fueron, y a veces también por lo que pueden llegar a ser. Nunca como en estos ámbitos fue más certero el diagnóstico de Max Scheler sobre el resentimiento, es decir, sobre la deformación de lo objetivo para justificar el arbitrio de una subjetividad que ha perdido el norte. El miedo al infierno, al castigo eterno, esconde miedos más prosaicos, por ejemplo, el miedo a ser descubierto en las mentiras nunca destapadas, que Dios castigaría inmisericordemente a partir de su omnisciencia.

6. T. O. 2022 C Lc 6,20-26

Dios, haciéndose pobre, ve a los pobres, y al verlos les dice: ¡Bienaventurados!
Nuestro testimonio, por desgracia, es este: ¡Viva la “sabiduría” convencional!

Creo que los que vivimos acomodados en la sociedad de la abundancia no tenemos derecho a predicar las bienaventuranzas; nosotros vivimos “muy bien” dentro de la sabiduría convencional. Lo que hemos de hacer es escuchar y empezar a mirar a los pobres, a los hambrientos y a los que lloran: ver. Jesús los ve, es uno de ellos, pobre. Los pobres no son felices en su pobreza, sino porque Dios está de su parte. ¿Quién cree hoy en este mensaje? Los que viven apoyados en el Señor.

5 T. O. 2022 Ciclo C Lc 5,1-11

Jesús pasa de la experiencia de ser rechazado en su pueblo a verse agolpado en torno a Él. Quieren escucharle. ¿Por qué? En su pueblo le piden milagros, y aquí la gente quiere escucharle. Siempre hay gente que quiere escuchar a Jesús, también hoy existen los que piden milagros para seguirle, para creer en Él: “haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm”.

En el límite, solo es posible vivir fenomenológicamente. Las cosas son conformes o disconformes con el ideal, pero no a la inversa, aunque entre los dos polos se dé una gran tensión, hacemos lo que no queremos, y no hacemos lo que queremos, no hay quien pueda arrojar una piedra contra esto. Quien dice vivir según valores, pero opta por las cosas se convierte en cosa: quien con infantes se acuesta meado amanece, lo cual hace sufrir mucho ya que, al margen del criterio de verdad, la mentira es muy dura de aceptar por uno mismo y por los demás.

4. T. O. 2022 Ciclo C Lc 4,21-30

Salir de uno mismo es lo más difícil. Nos cuesta recibir lo nuevo, no queremos estar abiertos, ni creemos -al menos con los hechos- en el proyecto de Jesús para nuestros tiempos. Lo mismo que los paisanos de Jesús se cierran a recibir su mensaje y es rechazado, así también, en el hoy personal, eclesial, social y político, nos cuesta aceptar que la realidad sea distinta como nosotros pensamos. Mejor seguir como siempre: “Templando gaitas”. ¡Cuántas palabras medidas, diplomáticas, cuidadas, para no “molestar” a nadie y quedar bien con todos!

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