Reflexiones desde un punto de vista personalista comunitario.

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada, pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros: que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”1.

6. Pascua 2021 Jn 15,9-17

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando […], os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros”

La amistad es el bien más precioso y raro. El amor es gratificante porque es libre. No se trata de creer, sino de experimentar: “Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud”. Es experiencia de vida: aquel que no se experimenta amado, difícilmente puede amar. Las palabras de Jesús tienen una fuerza enorme por la conexión que existe entre amor y libertad. Sólo experimentamos la verdadera alegría y gozo por vivir cuando experimentamos que alguien nos ama sin verse forzado a ello, porque me quiere desde la más plena libertad. Esto es tan fantástico que se convierte por ello en la mayor fuente de alegría. Y no hay nada en el mundo que se le pueda comparar. El fracaso de una vida no está en tantas experiencias de las que hablamos en muchos campos de la existencia, que no han sido gratificantes…, nos confundimos, lo único que en la vida produce una alegría que no se puede comprar ni conseguir por el propio esfuerzo es la amistad. El que alguien me quiera desinteresadamente se convierte en fuente de autoestima, de gratitud y de seguridad.

Hasta donde alcanza el escaso conocimiento de mi propio árbol genealógico, yo me llamo Carlos Díaz Hernández Gómez Bonacasa, Santiago, Rodrigo, Marín, Rodrigo así que, cuando los Rodrigo comienzan a repetirse, comienzo también yo a perder interés por los huesos familiares que quedan más lejos, y a los cuales no alcanza mi olfato de galgo de caza. Además de eso, tampoco quiero retroceder más lejos hacia mis ancestros porque no estaría bien a estas alturas llevarme la desagradable sorpresa de que después de Rodrigo vengan los Rodriguez, que serían los hijos de Rodrigo, igual que Pérez los de Pero. Me desagradaría, pues, que, por pereza endogámica, los descendientes de los descendientes de mis progenitores se hubieran encasquillado en Rodriguez, Rodriguez y más Rodríguez, y así por los siglos de los siglos hasta Adán Rodríguez y Eva Rodríguez, hipótesis que bastaría para enemistarme con Darwin, que de ese modo también vendría a ser Darwin Rodríguez.

Parece que el cerebro ha sido declarado patrimonio de la humanidad, tal vez porque muchos sigan teniéndolo muy activo en sus testículos. Sin embargo, localizar la humanidad de alguien en una parte de su corporalidad trae consigo el problema siguiente: ¿qué hacemos con los descerebrados, que no son tan pocos? ¿Le mandamos un recadito al doctor Mengele para que los rectifique como es debido? Si todo está en el cerebro, si todo lo que modifica el cerebro es cerebro, no vamos a tener otro remedio que cursar presencialmente selectos masters hasta ver si entendemos por qué hay cerebros tan cabrones, cómo mejorar los cerebros perversos, cómo despertar a los cerebros legañosos y procrastinadores, y por supuesto cómo potenciar los cerebros esclavistas especializados en la explotación del cerebro por el cerebro, ahora que no podemos hablar de la lucha por la liberación del hombre por el hombre.

“El hombre, por su naturaleza es perverso. Todos los aparentemente no perversos serían un producto artificioso de educaciones y de influencias, no solo extrañas, sino contrarias a la naturaleza. Debajo del hombre artificial, domeñado por el maestro de escuela, como el león por el domador, estaría el hombre natural, la fiera. Y me figuro inmediatamente la contagiosa influencia de una fiera indómita en cada ciudad sobre otras domesticadas fieras que no tendrían al fin más domadores que ellas mismas”. De nuevo, veinticinco años después de su primer intento, no contentos con el coronavirus, vuelven a la carga los chinos con la fabricación del hombre-mono o monosabio híbrido de hombre y mono. ¿Quién habló de la imposibilidad de retroceder a las especies inferiores? Mejor monántropo que hombre degenerado, podría ser el nuevo lema. Tenemos como una añoranza de trepar a los árboles, añoranza de la especie, de retrogresión al pasado, pero también una tendencia a escapar por la puerta del futuro; en ambos casos, a escapar del presente. Añoramos el trepar, incluso el trepar de los trepas.

Los peores mitos son los que no saben que son mitos, por eso el mitómano llama mitómanos a todos los demás, lo cual ocurre en las mejores familias.

- Verdad exquisita, colega doctor. Entonces, ¿sería usted tan amable de decirme quiénes están fuera de todo mito?

- Los científicos, por supuesto.

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