Reflexiones desde un punto de vista personalista comunitario.

Ha fallecido a los 77 años José Alonso Morales, Pepe para los amigos, un hombre bueno, afectuoso, humilde e incansable en su militancia, su compromiso, con el personalismo y con su familia y sus amigos. Quizá ambos compromisos sean solo uno pues, quien como Pepe, vive el personalismo comunitario, sabe que no se puede separar el cuidado de las personas del constante empeño por difundir, a tiempo y a destiempo, un saber que construya una humanidad de relaciones cada vez más cálidas. Pepe no olvidaba a sus amigos, por eso ayer, cuando recibí el mensaje de su hijo Julio, junto con el dolor por su marcha, sentí el malestar porque hacía un par de meses que me “tocaba” haberle llamado. A veces, estamos tan ocupados con lo urgente, que no hay lugar en la agenda para “lo importante”.

2 Nav 2020 Jn 1,1-18

En la Palabra podemos descubrir nuestro sentido y futuro, por tanto nuestra esperanza.

Lo nuestro en este tiempo de Navidad, especialmente, es vivir este acontecimiento como María, “que conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

Imaginémonos que Jesús de Nazaret está hoy, entre nosotros, en un barrio de nuestras calles, que lee la prensa y ve la TV, que ha trabajado en cualquier taller antes de dedicarse a predicar. Vamos a intentar ver a Jesús de Nazaret del siglo XXI en la encrucijada del 2020-2021.

¿Qué ha pasado para que el niño educado en la santidad del Templo y de la ley se transforme en el hombre adulto que entró en conflicto mortal con los sacerdotes? Jesús tuvo una experiencia religiosa profunda y determinante que le hizo pasar de una familia convencional nacional judía a la familia postconvencional: “mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

Estamos celebrando el nacimiento de Jesús todos los días, y esto es un don, por ello nos preparamos pidiendo lo que no tenemos: la profundidad, la comprensión integral de lo que va a suceder, de lo que está sucediendo.

Lo que está sucediendo

Observamos lo que está sucediendo en nuestra vida ordinaria y al lado nuestro: familias sin hogar, con falta de alimentos, con falta de acogida, de conocimiento de lo que viven, niños que nacen en la pobreza, padres que se afanan por dar de comer y que a sus hijos nos les falte lo necesario, de emigrantes que no encuentran acogida, personas que están en un país que no es el suyo, dificultad de comunicación por falta de conocimiento del español, aislamiento y temor por ser rechazados, vida en ocultación porque están sin papeles, inseguridad ante el futuro, dificultades de relación, falta de conocer su historia, su éxodo de los pueblos, países del que proceden, la explotación por la mafias, el sufrimiento por alejamiento de sus seres queridos, esposas, hijos, familia, amigos, y a mujeres solas con sus niños que han sido abandonadas por sus maridos. Y a esto le sumamos el sufrimiento por el Covid del que hemos reflexionado a lo largo de este adviento de una forma especial.

Una de las grandes lecciones de esta pandemia es, para mí, lo fácil que resulta instaurar un régimen totalitario. Todavía no se me ha ido el pasmo al comprobar con qué facilidad renunciamos a derechos fundamentales por el miedo, la culpa, o el señalamiento social como disidente insolidario. Lo más aterrador de esta concienciación de la enorme fragilidad humana ya no es lo que nos está pasando, es, sobre todo, lo que personas poderosas, desorientadas humanamente y sin escrúpulos, podrán hacer con nosotros en un futuro muy cercano.

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