Reflexiones desde un punto de vista personalista comunitario.

Cuando me preguntaban antes los periodistas qué libro andaba leyendo en el momento de la entrevista, les decía la verdad, que a ellos posiblemente les parecía una broma ingeniosa de un intelectual con fama de rarito: que leía siempre el Quijote, para mí el escrito más importante después de la Biblia. Cuando (posiblemente según les habían enseñado en sus facultades de periodismo) insistían en alguno más moderno, les decía que yo no leía nada con menos de quinientos años de antigüedad.

Otras veces me preguntaban (un chascarrillo docente de sus pobres maestros tal vez) qué libro me llevaría a una isla si fuese el único náufrago sobreviviente, yo les respondía que, en efecto, antes incluso que un libro, me llevaría a un ser humano, a condición, eso desde luego, de que no fuese periodista.

12. T. O. 2021 Mc, 35-41

Vivimos en tormentas vitales, buscamos signos, pero la fe no se alimenta de signos, sino de la fe en Jesucristo. ¿Buscamos al Dios de los milagros, o el milagro verdadero: la fe?

El evangelio de Marcos nos muestra que Jesús no es un desconocido. Jesús ha ido llamando, no de manera externa, sino que une a los hermanos por la fuerza de la unidad y la comprensión profunda de las parábolas, y de esta forma se reúne la comunidad. Somos familia de Jesús, por la palabra que todos entendemos y compartimos, en crecimiento fraterno.

Se hace preciso reafirmar la esperanza y el deseo de la presencia de Dios en nosotros.

11. T. O. 2021 Mc 4,26-34

Llamados a una reflexión crítica constructiva, desde La Palabra. Granos de mostaza, arbusto grande (4,30-32)

¡Menudo año largo que llevamos! ¿Nosotros solos?, no. A la experiencia por el dolor de tantos -dolor por los muertos, dolor con los que han pasado la enfermedad y sufren consecuencias-, se suma la tensión por la inmunización lenta, cansina, confinamientos obligados, por la experiencia de tantos que sufren la pobreza extrema, la falta de medios económicos. Más cerca hemos sufrido por las “opciones” sorprendentes de los que creíamos cercanos, que han abandonado; en la Iglesia, abandonos en masa. Rupturas matrimoniales, desesperanza y falta de motivos para vivir… Todo esto y más nos ha llevado a tener hoy la dificultad de poder predecir el futuro. Pero todos estos acontecimientos, asumidos en la oración, han hecho que nuestra vocación de servicio se haya multiplicado desde el servicio a lo pequeño y a los pequeños. En el año largo que llevamos podemos decir que somos unos privilegiados, tenemos que dar gracias porque, ni nos hemos dejado, ni abandonado, ni resignado, ni hemos dejado nuestra vocación.

Querido lector: Hoy no voy a hablarle de filosofía, pero sí voy a hablarle de filosofía. ¿Que no me entiende? No se preocupe, a mí me suele pasar lo mismo con cierta frecuencia, y en especial hoy con lo que quiero contarle y de lo cual, muy presumiblemente, usted como buen oteador de la actualidad ya esté al tanto.

En realidad, lo que pretendo es captar su atención con el fin de dejarle preocupado y ocupado, rescatarle de su normalidad o anormalidad, que a buen seguro lo estará deseando. Pero permítame que lo que voy a contarle lo haga con un tono un poco sarcástico, pues el hecho al que me referiré es de pura ciencia ficción, pero a mi entender sintomático de una realidad con fondo social preocupante.   El análisis serio, como ya le he anunciado, lo dejo para usted, que a buen seguro lo hará mucho mejor que yo.

El traje nuevo del emperador, también conocido como El rey desnudo, es una fábula o apólogo del danés Hans Christian Andersen publicada en 1837. Según ella, el rey, comedido en todo excepto en su desmesurada preocupación por su vestuario, oyó un día a los sastres cortesanos Guido y Luigi Farabutto decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que cupiera imaginar, pero invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. El rey picó y contrató a los pícaros modistos, que mientras tanto iban quedándose con los ricos materiales que solicitaban para tal fin. Algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda tan misteriosamente elaborada o no, el rey envió de avanzadilla a dos hombres de confianza para cerciorarse, ninguno de los cuales podía ver la inexistente prenda, a pesar de lo cual comenzaron a alabarla. La voz se corrió y toda la ciudad deseaba comprobar cuán estúpido era su vecino. Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda, y el rey desfiló con ella, sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla. Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje, temerosa de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo: ¡Pero si va desnudo! Entonces la muchedumbre empezó a cuchichear hasta que terminó gritando que, en efecto, el rey iba desnudo. El rey lo oyó y comprendió el engaño a que había sido sometido, pero aguantó con gran sonrojo y terminó el desfile. Otros relatos como La Tela Invisible, o El retablo de las maravillas vienen a decir lo mismo.

Corpus 2021

¡Ven, como el pan, tenemos hambre de justicia, igualdad, solidaridad, fraternidad, comunión, amor!

Sigue habiendo víctimas consecuencia lógica de enfrentamientos. Ahora, en Cristo la víctima es la expresión de un Amor inexpresable que se ofrece para evitar todas las víctimas, liberar a todos del miedo y unirnos en la celebración del compromiso existencial por una vida y un mundo más humano: Eucaristía.

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