Artículos y debate sobre la crisis del COVID-19

Las ideas de los economistas y filósofos políticos, tanto cuando aciertan como cuando se equivocan, son más poderosas de lo que se cree habitualmente. De hecho, poco más es lo que gobierna el mundo”. (John Maynard Keynes)

La urgencia por analizar los efectos de la pandemia del coronavirus y la necesidad de dar esperanza al futuro económico de la sociedad mundial están generando todo tipo de análisis y propuestas. Unas con mejor intención, otras con indisimulado egoísmo y otras, las más sinceras, con enorme desconcierto. Me sumo a estas últimas.

Empiezo por tratar de aclararme frente a algunas afirmaciones muy generalizadas.

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Lo que estamos constatando: el miedo a morir, no lo es así, sino que lo que subyace es la post mortem.

Jesús clamó con voz potente: Eli, Eli, lamma sabacthani? Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Este es el grito de Cristo ante la muerte y el abandono de todos, y de Dios, traición de dos de los suyos, uno porque lo vende y otro porque lo niega, abandono del resto, soledad y silencio de Dios. Dios muere en la cruz (demasiado duro), pero, desde entonces la única universalidad posible en este mundo es la universalidad de la cruz, de ahí la gran fuerza del cristianismo: “Cuando yo sea levantado, atraeré a todas las cosas hacia mí” (Jn 12, 32). Llevó hasta el final la misión que su Padre le había encomendado.

El discernimiento espiritual reclama como presupuesto previo, como principio y fundamento, el haber fundado el sentido de la propia vida en la voluntad de Dios. San Francisco dirá: “en hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada (CtaO 52). ¿Qué es esto? Sencillo: todo esto no pasará del ámbito de la razón y del deseo idealizado si no hay un equipamiento básico de la persona, si ésta no va haciendo por dentro la síntesis entre ser ella misma y vivir gozosamente en la escucha y la acogida de los otros (CtaM).

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Me sorprende que en estas notas no hayan aparecido críticas a la política y al gobierno, cuando hay motivo para un diluvio de improperios, fruto de una indignación que se hace cada vez más difícil de contener.

Lo dejaré para otro momento, pero hay algo que me parece tan escandaloso que callarlo es criminal. Acabo de enterarme de la muerte de 24 ancianos en una residencia cercana a Sevilla. Me sorprende que esto ocurra tan cerca de mí, pero ahora repaso las noticias y caigo en la cuenta de lo que viene de ocurriendo por toda la geografía española. Quienes comparan esta epidemia con una guerra podrían ser más exactos si dijeran que es una guerra contra los ancianos acuartelados al margen de la ciudad.

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La verdad es que quien tiene una virtud tiene todas, quien tiene un vicio tiene todos, quien tiene una vocación las tiene todas, y quien tiene una enfermedad las tiene todas.

La verdad es que quien tiene una virtud tiene todas, quien tiene un vicio tiene todos, quien tiene una vocación las tiene todas, y quien tiene una enfermedad las tiene todas; pero hay algo más: si alguien tiene algo lo tienen todos, pues existir es contagioso. Claro que a veces somos lentos en comprenderlo, y hay que esperar a que la peste se enseñoree de las calles de Pekín y el cólera se adueñe del coliseo de Roma, otra peste, por cierto, para berrendos felices. Siempre tendremos virus afilando en la noche sus cuchillos homicidas.

Siempre tendremos virus afilando en la noche sus cuchillos homicidas. Sí, cierto, pero no hay cura al respecto si nosotros mismos somos esos virus, si nosotros mismos somos una fábrica que labora sin descanso en la producción de corazones duros, corazones de piedra, corazones autotélicos, contra los cuales cualquier vacuna fracasa porque la cepa humana se hace resistente. En tales condiciones, cuán difícil resulta resistirse a los contagios ajenos si los llevamos dentro.

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Una de las actitudes más incomprendidas y peor toleradas es la de quien, habiendo experimentado la necesidad de la verdad, ha optado por ella con todas sus consecuencias. Esta opción supone no poner nada, ni nadie, por encima de ella, de manera que esa predilección no vele lo que jamás debe ser velado. Si ésa es tu opción habrás de estar dispuesto al rechazo sutil o manifiesto de los diferentes grupos que se forman en torno a sus verdades locales. Has decidido ser un hombre. Vas a quedarte solo.

Cada día encuentro más urgente y necesario caminar personalmente hacia la utopía y el testimonio y convivir serenamente, sin juzgarlos como buenos o malos, a quienes están en otro lugar del camino. Cada día encuentro más necesario y urgente educar en la utopía, a la que sólo se puede ir encarnando mediante imperfecciones. Y, si esto es así, las imperfecciones de nuestro caminar son ya la utopía que se anhela.

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En el último medio siglo los más viejos del lugar hemos visto el sida, el ébola, el SARS, la H1N1, el MERS y la gripe aviar, que han matado a cientos, miles y millones de personas, y ello sin contar con las gripes tristes y recidivantes anualmente. Tan sólo la pandemia de gripe de 1918 dejó fuera de la circulación a unos 50 millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, para el nuevo gladiador, para el ciudadano Trump el virus es chino, y por ello seguramente se le podría parar con una guerra mundial vírica bien provista de escudos nucleares y armas bacterianas, pues quien a saliva muere a cañonazos mata, chinos cochinos. Sólo faltaba a los españoles llamar china a esta nueva gripe, cuando la más nociva de todas ellas fue denominada gripe española.

Y todo eso por no hablar de la crisis criminal ecológica, o de la crisis de plomo que deja el rebufo de las guerras, o de la crisis que el así llamado ser humano fomenta con su pasividad consumista, sus malos humos antropológicos, y su pobre narcisismo.

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