Artículos y debate sobre la crisis del COVID-19

XV

¿A qué viene tanto esfuerzo, nos dicen, por salvar a los viejos, ya carne desahuciada, mercancía averiada, sin rentabilidad?

Y nosotros decimos que nuestros viejos son un tesoro de vida que se cumple en sí mismo, dorada y fiel memoria de experiencia, tiempo más cerca de la plenitud, vida más cerca de su cumplimiento.

Y decimos que cada vida tiene —única, irrepetible—un valor infinito.

La vida, no en su valor abstracto, biológico, relativo, sino en su valor concreto e individual, en su valor absoluto —nadie se muere por otro ni más o menos que otro— es una misión que cada uno debe cumplir desde su propia interioridad. Cercenar desde fuera la duración de una vida es quitarle, tal vez, la posibilidad a alguien de que llegue a su cumplimiento.

Add a comment

¿Será verdad que, si durara mucho esto del virus, acabaríamos por callarnos? Creo que jamás hemos hablado, escrito y gritado tanto como en la situación actual, es como si hubiésemos estado completamente callados con anterioridad y ahora de repente se hubiese abierto la veda para hacer todo lo contrario. Ha sido tal la vorágine de palabras que todo el mundo, sin excepción, hemos entrado en la dinámica del bulo. Había que hablar, escribir y gritar, hasta el punto de no importar si respondía a la verdad o a la mentira, eso era lo de menos, había que hablar y no estar callados, lo que nos ha llevado a superar a los maestros de la sospecha, y ahora todo lo que se dice está bajo sospecha. Lo estamos consiguiendo, este es el estado previo al de enmudecer.

Sí, se nos están acabando las palabras, los textos, los gritos, las caceroladas y hasta los bulos, pues ya no se los cree nadie. Cuando esto pase, si pasa, no sabremos cómo retornar a la palabra. Ya sabemos por experiencia que no hay mal que cien años dure, ni mal que por bien no venga; pero mientras tanto ¿permaneceremos calladitos?

El Hombre, la Persona –por aquello del lenguaje de género, el hombre, la mujer y todo lo que ustedes quieran agregar, para que nadie se sienta discriminado– no puede estar callado.

Add a comment

LA EXPERIENCIA PASCUAL: JESÚS DE NAZARET, LA IGLESIA DEL SEÑOR JESÚS Y EL REINO DE DIOS QUE VIENE (III)

Me parece importante seguir manteniendo, como guion de meditación, estas tres palabras que son y seguirán siendo para siempre fundamento incuestionable de nuestra fe cristiana: Jesús de Nazaret, la Iglesia del Señor Jesús y el Reino de Dios que viene. También en este domingo quinto de pascua podemos seguir centrándonos en lo que esas palabras significan para hacer más vivo y fecundo el sentido de la experiencia Pascual. Del encuentro personal con quien dejó el sepulcro vacío y nos invitó a ir a Galilea para reconocerlo allí. De ese modo, Cristo Resucitado se actualiza en medio de nosotros vivo también este año 2020, aunque sea en las especiales circunstancias que a veces nos hacen dudar de Dios mismo, de su Iglesia, del mundo y aún de la esperanza del Reino.

¿Qué es lo que Dios está queriendo de nosotros en este año tan peculiar? Vamos a seguir mirando sus indicaciones y signos en espíritu de fidelidad a Él. Especialmente hoy debemos fijarnos en la condición temporal humana, en nuestra condición caduca, decrépita, aquella que nos encamina a esperar con ansia y gozo el Reino de Dios que está viniendo. Porque en verdad necesitamos que el Señor vuelva. Y sólo con su segunda venida se culminará la plenitud de la Salvación.

Add a comment

No pocas de las personas sexagenarias, septuagenarias y octogenarias, a las cuales oigo por sobre las mascarillas mientras paseo durante mi hora reglamentaria, comentan: a) «¡Anda que nos la han liado buena con los virus!». b) «¡Esta sí vamos a pasarla, pero la próxima ya no la pasamos!». La primera de ellas revela el carácter conspiranoico de las gentes de mi barrio, según las cuales hay que echar la culpa a alguien. Así como el caballo Bucéfalo se espantaba por sus propias sombras, o los niños pequeños creen que el sol gira en torno a ellos cada vez que se mueven, así también alguien conspira contra mí con la aviesa intención de matarme. Al menos ya estoy en el centro del drama, soy protagonista, y de algo puedo ufanarme, mi vida no está tan vacía. La segunda es aún mejor si cabe, pues ahora tenemos ochenta años y aún nos pilla jóvenes, pero la próxima vez –cuando tengamos cien– no va a quedar ni Zerristaco para lamentarse, no hay derecho que no dejen a las guapas llevar flores en los pechos.

Por otro lado, este así llamado coronavirus cada vez va pareciéndose más a una gripe aviar, a un gallinavirus que está dejando a muchas personas con su culo de pollo o de gallina al aire, y de este modo evidenciando la gran proximidad genética existente entre los presuntos héroes humanos y las cobardes gallinas. No al orangután ni al Gran Simio nos parecemos, sino a la Gran Gallinácea.

Add a comment

La fe es partir, compartir, repartir, «le reconocieron al partir el pan». Pan que se entrega: «Yo entrego mi vida libremente, por vosotros».

¿A qué viene esta reflexión en este tiempo de confinamiento, de necesidad de pan y de salud? Sencillamente: la fe que explican los evangelios se refiere a dos hechos propios de la condición humana: alimentación y salud. Es evidente que sin pan no hay salud.

La fe en Jesús que nos relatan los evangelios, en muchos casos, no está relacionada con lo que nosotros profesamos en el credo, sino que está relacionada con el pan de cada día y la salud de las personas.

Hay un hecho desconcertante sucedido en un centurión del ejército de ocupación en Galilea; Jesús afirmó que «en ningún israelita había encontrado tanta fe» como la que vio en aquel militar extranjero. Lo más fuerte de todo es que para Jesús, el verdadero creyente es que el que no tenía religión. De ahí que fue al samaritano al que le dijo: «Tu fe te ha salvado» (Lc 17,19). Así que el único que no tenía religión es el que tenía fe. Así se lo dijo Jesús a Jairo: «No temas; ten fe y basta» (Mc 5, 36). En todos los casos citados lo que está en juego no es la fe cristiana (eran judíos, paganos, samaritanos), sino las situaciones de la vida y la fe en Jesús. Pan, salud y sentido, fe en Jesús.

Add a comment

XIV

Mientras este virus deleznable nos tiene recluidos —¡a nosotros, los amos de la creación, los reyes de la historia!—, contemplo en mi jardín a los mirlos, sus idas y venidas. Los he visto acarreando briznas una a una, levantando en la rama del olivo casa para criar. Los he visto cómo lo cubren con sus alas incubando sus huevos —preciosos, ovalados, lisos, como niquelados, sin pintas, de un tono azul verdoso—, fieles a su tarea, la que la misma vida les tiene encomendada: acrecentar la vida… En muy poco tiempo nacerán los polluelos y echarán a volar.

Otro día me doy cuenta de que ya no se demoran sentados largamente encima de su nido. ¿Es que se terminó ya la incubación? Ahora vienen y van, turnándose entre ellos, con los picos cargados del pan de cada día que dejan en la boca aún tierna de los polluelos. Levantarán su vuelo en pocos días. Se arrojarán del nido, todavía moviendo torpemente sus alas. Se darán contra el suelo. Un salto, otra caída; una vez y otra vez, hasta que aprendan. Sus padres mientras tanto los vigilan atentos y distantes. Quieren que sus hijos estén bien educados y por eso no los han mandado a la escuela1. Y además ahora para qué.

Add a comment