Dinámica de Absoluto – Francisco Cano

13. T. O. 2022 C Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén”: quien sigue la historia de comienzo a fin no olvida el itinerario de Jesús, y va asumiendo las opciones que siguen al seguimiento. Se trata de conocer a Jesús, este conocimiento sólo lo experimenta quien realiza su proyecto. Ese es el que conoce a Jesús.

¿Qué decisión tomó Jesús? La de ir a Jerusalén, y el texto griego dice que Jesús, ante esta decisión, endurece el rostro porque sabe los peligros que comporta dirigirse a la ciudad santa, centro neurálgico del judaísmo. Y así se hace ver la fortaleza de Jesús ante estas adversidades.

Este camino de Jesús, es al mismo tiempo, el camino de los discípulos, y nos presenta tres escenas de vocación en las que se muestra la exigencia de este seguimiento: asumir vivir el sin seguridades, abandonar a la familia y abandonar las obligaciones familiares. En una palabra: renunciar a todo aquello que imposibilita el proyecto de vida de Jesús. Hay que leer estos textos tal y como están dichos, y no intentar suavizarlos, racionalizarlos, porque así nunca comprenderemos qué es el seguimiento.

¿Qué significa el seguimiento? Que la persona de Jesús, es para el creyente, la vida, todo lo demás es muerte; que Jesús es el Absoluto, y ante Él ni los deberes más sagrados de la ley cuentan. “Ninguno que pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás es apto para el Reino de Dios”. Decir esto, con la que está cayendo, es de un realismo brutal, pero es el evangelio. No podemos manipular los textos.

¿Qué hicieron los discípulos ante estas exigencias? Callar, como tantos hoy. ¿Qué hay en el fondo de esta decisión? Asumir el camino del sufrimiento y de la muerte como vía hacia la auténtica vida: pero no es algo para Jesús sólo, sino que él quiere asociar a sus discípulos a su destino, y por esto el discípulo calla… Es demasiado duro…, sin embargo esta radicalidad parte de la sabiduría de la fe, y no de una perspectiva ascética. Estas radicalidades deben ser resituadas desde los procesos en los que hay que tener en cuenta nuestras propias necesidades y limitaciones.

Jesús deja Galilea y va directamente al centro. ¿A qué va? A pronunciar las más duras denuncias contra aquella élite religiosa. ¿Por qué? Porque están más preocupados por asegurar sus poderes y dignidades que por cumplir fielmente lo que Dios quiere. Jesús no quiere sólo fieles obedientes, sino seguidores. Lo que define la relación con Jesús es el seguimiento, y por tanto no es una relación con un programa, una teología, unas prácticas rituales o unas normas, sino esencialmente una forma de vivir, y esto se conoce siguiéndole y ahí buscando la verdad de Dios, y en Dios a todo ser humano. La vida de Jesús, tan profundamente humana, no se puede aprender mediante teorías, sino viviéndola, es decir, siguiendo a Jesús. Y así fue ayer y tiene que ser hoy, y lo hacemos mediante la “memoria subversiva que son los evangelios”, en obediencia de amor. A Jesús no se le conoce estudiándolo, sino siguiéndole y por esto los tres relatos del seguimiento que se presentan aquí son tan radicales, pero no se trata de que el creyente en Jesús no haya de tener una casa, o haya de abandonar a su padre anciano o muerto, o que haya de romper con la familia. Son radicales porque quieren dejar patente que sólo el que hace propia la forma de vivir que llevó Jesús, sin que cuente ninguna otra necesidad u obligación, es decir, que el que vive como vivió Jesús (en cuanto eso sea posible), ese es el que conoce a Jesús y realiza su proyecto.

Ante esta Palabra de Jesús pidamos un corazón capaz de dejarnos vincular a su Hijo en su destino hacia la Vida. Se trata de escoger, de optar. Y de ser honrados con nosotros mismos. La opción que ofrece Jesús es: si quieres, sígueme. Lo demás se lo dejamos a Él.

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